
En el inicio de este año el gobierno de México ha publicado un decreto que impone aranceles desde el 5% hasta el 50% a 1,463 fracciones de importaciones de países sin tratados de libre comercio como China, India, Corea del Sur, Brasil y Rusia. Esta es su implicancia.
En el inicio de este año el gobierno de México ha publicado un decreto que impone aranceles desde el 5% hasta el 50% a 1,463 fracciones de importaciones de países sin tratados de libre comercio como China, India, Corea del Sur, Brasil y Rusia. Publicado el 30 de diciembre del 2025 en el Diario Oficial de la Federación, el decreto se presenta como un escudo para la industria nacional y el empleo sin embargo, se trata de un equilibrio precario entre beneficios de corto plazo y riesgos estructurales.
El gobierno lo justifica en tres ejes, la protección para 350 mil empleos en sectores vulnerables como el automotriz, textil y el siderúrgico; para fomentar la reindustrialización de acuerdo al Plan México para reducir la dependencia de insumos extranjeros y para la generación de ingresos fiscales por 70 mil millones de pesos,.
En todo caso los aranceles por sí mismos no se pueden considerar solo como ingresos ya que actúan como impuestos indirectos que elevan los costos de los insumos y los bienes finales, que a su vez se trasladan al consumidor, en un escenario hipotético donde el impacto recae en ellos, cada mexicano estaría aportando alrededor de 540 pesos anuales, un cálculo que subestima la cadena.
Los productos afectados son, por ejemplo, los automóviles en hasta un 50% y los textiles en 35%, además de electrodomésticos, plásticos y acero impactan en la cotidianeidad y en la producción. Calculados sobre su valor aduanero, no en el precio final, estos gravámenes distorsionan las cadenas globales, por ejemplo en el ramo automotriz en el que México exporta a los Estados Unidos bajo el T-MEC, y los insumos chinos encarecidos podrían poner a prueba la competitividad y elevar los costos de ensamblaje afectando esas exportaciones.
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Aranceles por decreto: ¿Protección o peso inflacionario?
Esto contradice el argumento sobre reindustrialización, ya que sin inversiones paralelas en innovación, el proteccionismo fomenta la ineficiencia, reduce incentivos para la productividad, y esto ya se ha visto en el pasado a través de políticas similares en América Latina que han generado estancamiento.
En este sentido, las reacciones han sido contrastantes: por un lado la Concamin celebra la confianza industrial, pero importadores y consumidores temen un posible encarecimiento, mientras que en el plano internacional China habla del daño a las cadenas y Corea del Sur evalúa contramedidas. De esta forma, las represalias afectarían las exportaciones mexicanas complicando aún más la balanza comercial.
Estratégicamente los aranceles sirven como una suerte de moneda de cambio en las negociaciones con el gobierno de Donald Trump, que acusa al país de ser “la puerta trasera” de China al T-MEC. Es parte de un juego geopolítico en el que el proteccionismo sirve como defensa ante disputas comerciales globales, pero que requiere una evaluación honesta de sus costos.
Sin duda, la medida marca un viraje proteccionista que ofrece un respiro temporal a la industria local, pero que arriesga mucho en lo inflacionario. México importa diez veces más de Asia que lo que exporta, reduciendo la dependencia de insumos extranjeros para incentivar la producción local y alineándose con tendencias como la relocalización que siempre serán una buena idea, pero el proteccionismo tiene costos que directamente afectan al consumidor.
En conclusión, la medida no se puede evaluar como una política económica buena o mala, y siendo cautelosos, tiene un tinte optimista, siempre y cuando se monitoree rigurosamente el impacto inicial sobre precios, empleo y balanza comercial.
De esta forma, el gobierno deberá transparentar las estimaciones inflacionarias, implementar algunos subsidios temporales para los sectores afectados, empleando la diplomacia bilateral para mitigar eventuales represalias. México está en una encrucijada entre equilibrar la defensa interna con integración externa y transformar estos aranceles en un catalizador para el desarrollo sostenible, pero sobre todo evitar que se conviertan en un peso estructural sobre su competitividad global.
FUENTE: https://forbes.com.mx/aranceles-por-decreto-proteccion-o-peso-inflacionario/